Nunca te informan que viene por sorpresa.
Te encuentra un día despierto y desdichado.
Porque todo esto lastima, duele demasiado.
La gracia de aterrizar siempre bien parado
desconozco. Nunca he saboreado una victoria.
Pero algo he aprendido batalla tras batalla.
¡Quien diría! La respuesta no era empuñar
esta espada, no era combatir con locura,
llamarse al silencio o esconderse de nuevo.
No hay táctica estrategia que no devore
estos pensamientos y los transforme así
en cadenas para permanecer en lo viejo.
Como un samurái entonces, preservo mi honor.
Cedo al dolor que autoinfringido me desfigura.
Me desconfigura y cuando termina el duelo,
de aquella persona que alguna vez fuí.
Soy solo otra persona. Peparada para ocupar
un lugar lejos de todo lo que me hacia daño.
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