La luna me aniquila, refleja exacta,
una nueva cara de esta vida donde
el sol desaparece y en su ausencia la lluvia permanece, fina, firme,
traslucida, constante, llevandose
las últimas hojas resecas.
Hay algo previo a la espera
de la primavera que mueve
aquello fundido dentro del alma (al fin).
La quietud me desarma, en todo sentido.
Me transforma en la protagonista de este soliloquio maldito.
No es solo un sueño. Pero aqui estoy, de nuevo viva.
Diciendo siempre lo mismo.
Tantas son las cosas que pueden pasar en el termino de un año.