Siento que sigo el retorno de la misma idea,
una y otra vez rebobinando mi coherencia.
Como una repitencia que insiste constante
es tiempo de dejarlo todo atrás de una vez.
De renacer en la elocuencia de mis palabras,
de escuchar este hambre que tanta dolencia
acarrea, como una destrucción que altera
mis sentidos, mis emociones, mi paciencia.
Por qué vuelvo a olvidar lo que no quiero,
por qué dejo que me coman hasta los huesos.
Por qué reniego de mis carencias.
Me rindo ante la imagen de un mundo aislado.
No puedo concebirme viviendo lo individual.
No entiendo como es usual lo automatico,
ni cuando se volvió pragmático no intentar
entender a aquellos que nos rodean.
Me lástima la economía de los sentimientos,
en silencio y las ausencias de lo comunitario.
Se siente tan plano.
¿Es este el futuro por el cual tanto peleamos?