¿Te acordás cuando estar bien te hacía sentir raro? ¿Por qué será que ya no se siente así?
Es peculiar pero ya no vibra la mente de la misma forma que ayer. Como si el mundo fuera un abanico de posibilidades, y uno a uno aquellos charcos donde hundiste el pie hasta inmovilizarte, dejaron de funcionar. O tal vez, fuiste vos quien aprendiste a saltarte las circunstancias embarradas de esta vida.
Agarrar ritmo y velocidad, no sentirte mal ante la inercia o el movimiento que sacuda hasta el cimiento más fuerte que te compone.
Quiero sonreir y llorar y sentir, que pase lo que pase estamos vivos, viviendo, hoy mas que nunca.
Quiero escribir algo lleno de intención sin esconder mis sentimientos. La vida es una estancia tan curiosa y llena de relevancia, cual caricia de un ser agraciado, matando cualquier rastro de falta de bondad.
La intermitencia no me sirve, no me es natural, no funciono con inconsistencia. Aprendí que la paciencia es algo que se cultiva lentamente y se riega día a día. Así me río de la desgracia y te comparto una sonrisa, nunca leve, nunca tímida, nunca forzada.
Quiero apreciar la distancia y extrañar la cercanía. Quiero levitar en la fortuna que no augura ningún futuro posible. Porque estoy presente en el presente y me planto en él y de el me alimento. Cómo guarnición a la esperanza que espanta la tragedia. Hoy me muevo en dirección hacía lo que quiero y lo que necesito y lo que deseo. Que es exactamente lo mismo, al fin.
El miedo como aliado de un enemigo reconocido en el reflejo que frente a uno se proyecta. No quiero llorar ausencia, no temo perder el valor de salir de jaulas imaginarias donde yo misma me encierro.
Es difícil a veces, salir, moverse y abrir nuevamente viejas heridas, curarlas vos misma y seguir con la frente en alto a pura consciencia.
No es que me queje porque me encanta romperme constantemente en mil pedazos si de eso se trata la vida, pero es normal sentir que hay días en los que revuelo, revuelvo y encuentro razones para no poder reir o nisiquiera reirme conmigo misma.
Estoy aprendiendo que es natural, dejarse sentir, así, a veces. Que esta bien y que no quita recorrido a mis victorias personales.
Se que soy fuerte y se que mi corazón puede más que mi mente. Se que voy a tenderme la mano cuando sea necesario y voy a palmearme la espalda celebrando mis logros. Sola. Como lo he hecho durante toda mi vida. Pero se que tengo momentos en los que necesito una caricia externa y se que me la merezco.