y una y otra vez como un mantra
que se añeja, se guarda y jamás
es realmente bebido.
Susurrando las mismas frases
encarnadas dentro del corazón
sin haberlas del todo entendido.
Sin embargo sigo creyendo en el valor
de la palabra porque ha sido, en algún
vasto momento, lo unico que he tenido.
Un abrigo en la mañana, un plato de comida,
un cigarrillo en la terraza de algún conocido.
Por primera vez comprendo
este vaivén eterno, de sentirme
un alma vieja, condenada
a encontrar belleza
en los lugares mas escondidos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario