el mundo lentamente se ventila
apartando lo que no tiene lugar,
de lo maravilloso dejando rastros,
como si se hubiera transformado
todo aquello que reside hace años
en la mismas calles de siempre.
Un corte en la lengua, aguda y afilada, se recupera lentamente luego de perder las palabras que tanta falta hacían.
Este año se ha llevado mi capacidad de contar desde el corazón esa simple existencia y los secretos que guardo adentro solo se acumulan generando malestares innecesarios.
Luego de un verano sin gloria ni pena, un otoño robado y un invierno de ausencias, como negarle a los creyentes la creencia de que el cambio de estación traerá alguna que otra sorpresa, entre tanta tristeza y monotonía.
Ya no recuerdo como se siente florecer.